Me preguntas...

- Desapareció – le dije sin que ella me preguntara.
- ¿Por qué? ¿Qué pasó? Me interrogó esta vez con una voz tierna.
- Si pudiese te lo diría, pero no hay respuesta, no tengo respuesta porque nunca lo supe.
No hizo falta darle más explicaciones, ahora es ella la que responde a todas esas preguntas que yo me hago y no me sé contestar:
La angustia que produce una pérdida lleva incluido un proceso de dolor. Un proceso de luto que no termina hasta que no se es capaz de aceptarlo. Y lo peor de todo es que, sin una explicación, sin un saber por qué, es más complicado olvidar y entender el porqué se tiene que olvidar. Y más cuando todo sucede sin causa aparente; buscas explicaciones en cualquier parte, buscas razones a lo que no las tiene, das vueltas y vueltas a la cabeza sin obtener una respuesta.
El dolor es comparable al de la muerte de un ser querido del que no has podido despedirte; Tan solo nos queda una cuenta pendiente, perpetuamente pendiente…
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