Un día mágico

Esta mañana me levanté con agujetas. Mis piernas no respondían a los estímulos que les daba mi cerebro. Dar un paso era tarea ardua para cada uno de mis pies; tampoco mis brazos respondían a ningún acto reflejo. Ese fue el primer síntoma de que me sería difícil disimular bajo las miradas inquisidoras de mis amigas. El segundo fue mirarme en el espejo, mi cara de felicidad me delataba aún más que mis torpes movimientos.
Sigues siendo el culpable de mis dolencias.
T’estimo.
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Abril. -
A -
J.R -